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Plagio (Tercera Parte)

Por Fernando Carr Parúas
Fuente CUBARTE 07.06.2016

Plagio (Tercera Parte)
Plagio (Tercera Parte)

Terminamos la parte anterior con una pregunta: ¿Acaso sabemos cuántos negros ya libres fueron plagiados y vueltos a vender como esclavos, en el siglo XIX? Sin embargo, añadiría otra más: ¿Cuántos hombres libres en América fueron llevados a la esclavitud?

Plagios para esclavizar en la era moderna

Un caso autobiográfico llegó a la cinematografía estadounidense, y quedó plasmado en el film Doce años de esclavitud, de 2013, cuando en el norte de los Estados Unidos había sido abolida la esclavitud, pero todavía existía esta en las plantaciones del sur. Y me refiero al caso del negro libre Salomon Northup —interpretado por el actor británico Chiwetel Ejiofor— quien fue plagiado y vendido a amos sureños y estuvo doce años en estado de esclavitud. Antes de ser plagiado, Northup era casado y tenía una familia, con dos hijos; además, tocaba muy bien el violín y sabía leer y escribir, pero los demás esclavos (sus nuevos compañeros) le dijeron que si el amo se enteraba que sabía leer y escribir, lo estarían azotando hasta que soltara el pellejo. El nuevo esclavo fue transferido de una plantación a otra, ya por compra-venta o por otros tratos de los amos.

Y según se expresa en la película, es decir, a tenor de la autobiografía, a la última plantación en que trabajaba Northup, llegó mister Bass —interpretado por el actor Brad Pitt en el filme—, un carpintero blanco, de nacionalidad canadiense, quien aborrecía la esclavitud y conoció del caso. Northup le pidió ayuda para enviar una carta al norte del país, donde explicaba su situación. Y mister Bass la envió, arriesgando su vida. Por medio de las gestiones norteñas antiesclavistas, el negro libre esclavizado fue liberado, aun en contra del nuevo amo, y pudo reunirse con su familia.

Veamos casos de plagio de personas llevadas a la esclavitud en Cuba:

En 1817 Inglaterra celebró un tratado con España, por el cual, a partir de 1820 se abolía la trata de esclavos, es decir, el hecho de comprar esclavos en las costas africanas —personas que antes habían sido secuestradas en su mayoría— y trasladarlos en barcos para su venta en América, especialmente en Cuba. A partir de 1820, los barcos ingleses podían detener a cualquier barco que atravesara el Atlántico y si traía esclavos, era capturado junto a su dotación, y estos hombres y mujeres eran declarados “emancipados”, y en calidad de tal, eran entregados a las autoridades españolas bajo una declaración. Primero, los ingleses, metódicamente, de cada emancipado que se les entregaba a las autoridades coloniales, anotaban en una lista lo siguiente: El nombre africano, el que se le daba en idioma español, y otros datos, como la etnia a la cual pertenecía, la edad calculada, la estatura, así como alguna seña que tuviera el cuerpo, que casi siempre eran marcas africanas o marcas de propiedad. Entonces, a cada uno se le daba un número, del número 1 hasta el número final según los esclavos capturados, y para el resto de su vida ese emancipado era el número “equis” del barco capturado nombrado tal.

Por ese motivo, cada emancipado, de acuerdo con el tratado firmado entre Inglaterra y España, era una persona libre, y tenía que ser considerado por las autoridades españolas como cualquier otra persona libre. Les buscaban empleo, en su mayoría, en las obras públicas. Por ejemplo, el acueducto habanero de Albear se construyó con el trabajo de negros emancipados.

Sin embargo, algunos personeros dentro de las autoridades coloniales de Cuba, siempre tan corruptas, a partir del momento de la entrega de los emancipados por parte de los ingleses, comenzaban a maniobrar para venderlos clandestinamente y llevarlos a la esclavitud y, en estos casos, los trasladaban a las dotaciones de esclavos que existían en los ingenios u otros sitios de Cuba.

La profesora María del Carmen Barcia, en su búsqueda en los archivos nacionales, ha encontrado alguno de estos casos que sí aparecen registrados. Funcionarios decentes de las autoridades coloniales pudieron resolver varios de ellos, como el de un grupo de emancipados llegados en un barco capturado en 1832, que fueron llevados a la esclavitud hasta 1843. Así, al ser plagiados estos emancipados, les fue cambiada totalmente su personalidad, los convirtieron en otras personas, con otros nombres, con otras edades. Este es el caso de los emancipados Pedro Alejandrino y Maba, que las autoridades denominaron plagio.

Ahora bien, volvamos a la cuestión gramatical.

En la familia de palabras de plagio, se encuentra el adjetivo plagiario, plagiaria —que viene de la voz latina plagiarus— y que significa ‘que plagia’, es decir, ‘que copia obras ajenas’, pero como sustantivo masculino y femenino es ‘persona que plagia’, o sea, ‘persona que secuestra a alguien’.

Otros dos adjetivos, pero usados únicamente en América, son plagiado, plagiada, que significa, ‘dicho de una persona: Que ha sido secuestrada’, y el otro es plagiador, plagiadora, que su única acepción quiere decir ‘que plagia’, esto es, ‘que secuestra a alguien’.

En los últimos años —como antes dije—, en diferentes países de América Latina han estado abundando los plagios por parte de bandas de secuestradores de personas para exigir dinero a la familia, con el agravante de cercenarles un dedo o una oreja como prueba de que tienen plagiada a tal persona. Sucede mucho en México, Guatemala, El Salvador, Honduras y Colombia.

En Cuba este acto criminal no sucede hace más de cincuenta años, desde el triunfo de la Revolución Cubana, pues no existen aquí bandas de secuestradores. Aunque sí ha estado acaeciendo por parte de extranjeros traficantes de personas o por naturales de Cuba asentados en otros países, quienes después de llevarse clandestinamente desde la Isla a grupos de cubanos que quieren emigrar a los Estados Unidos, vía México, allí son plagiados para que la familia, me refiero a la parte de la familia que vive fuera de Cuba, especialmente en los Estados Unidos, pague altas sumas de dinero por ellos. Algunos de estos cubanos plagiados han sufrido cercenamiento de dedos o de orejas y también han sido asesinados.

Un caso muy singular se dio en Cuba, donde unos asesinos se hacían pasar por contrabandistas de personas hacia los Estados Unidos, y pedían fuertes sumas de dinero a los posibles emigrantes, pero cuando estos llegaban al lugar de contacto, cerca de la playa de Baracoa, en la provincia de Artemisa, los asesinaban y les quitaban el dinero que traían para pagar por el viaje. Esta banda de asesinos fue descubierta en el año 2014, como fue informado por la prensa cubana en su oportunidad.

Pienso que por lo poco frecuente que son estos casos en nuestro país, la acepción de plagio con el valor de ‘secuestro de personas’, es desconocida por la mayoría de los cubanos.

Al parecer, la acepción más conocida en Cuba de la voz plagio se refiere a ‘copia de una obra ajena’.

 

(Continuará)

Fernando Carr Parúas

Gazaperías

Por Fernando Carr Parúas

La Habana,1942.Escritor, investigador, editor y compilador. Tiene publicados los libros Diccionario de términos de escritura dudosa (siete ediciones), Disquisiciones sobre temas editoriales y del idioma, Cosas jocosas en poesía y prosa de la vida de José Z. Tallet, El libro primero de los gazapos, El libro segundo de los gazapos, El libro tercero de los gazapos. Cubanismos, Diccionario de cualidades, defectos y otros males del cubano y Diccionario de la fauna hispanoamericana en frases y refranes.

Tiene a su cargo la columna Gazapos de la revista Bohemia y la Colección Premio Nacional de Ciencias Sociales, con siete libros publicados.

Recibió la Distinción Raúl Gómez Carcía, la Distinción por la Cultura Nacional, el Premio Nacional de Edición 2009, la Condición de Mambí Sureño y el Sello de Laureado.

Miembro fundador del Consejo Técnico Asesor del Instituto del Libro y miembro de la UNEAC.

 

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