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Miguel Terry Valdespino: “Tengo demonios por dentro, que me brotan casi siempre cuando descubro los absurdos de la sociedad donde vivo” (Parte final)

Por Jaime Masó Torres
Fuente CUBARTE 25.10.2016

Miguel Terry Valdespino, el hombre periodista, narrador, poeta…
Foto: Humberto Líster

Terry no es el escritor sentado en la punta cómoda de la nube, donde los premios y las condecoraciones le abren las puertas del supermercado. Tampoco espera a que el alimento sagrado llegue hasta su hogar a través de un poema. Si esto pasa… él duda. Probablemente Terry Valdespino no tiene todo lo que desea, pero a lo mejor tiene, todo lo que merece. Y más allá de los premios (que siempre valen, más si vienen acompañados de plata) está la entrega incondicional al mundo de la literatura, al periodismo que nunca abandona, aunque se enfrente sin miedo a sus temibles sombras.

Valdespino ganó en el complicado mundo de las letras y no será hoy cuando “los ciegos” vean su magnífico aporte. Será mañana, como casi siempre sucede. No obstante, tiene a María Fernanda (su hija), una esposa, unos pocos y buenos amigos muertos y vivos… Como expresa en uno de sus poemas, todavía le quedan todos los libros de su libertad, un poema escrito para Dios y otro para la sombra del pan, / un verso para el tiempo que quería vivir, / un verso libre y claro como la redención.

De Miguel Terry se aprende cuántas veces luchamos y caemos en este camino.

Hemos escrito infatigablemente y nos piden documentos en la puerta, / nos revisan la talla de los dedos porque siempre han creído que son falsos. / Hemos escrito infatigablemente y no dejan de pensar que somos vicio, / alimento demencial de la calaña. / Hemos escrito infatigablemente y no intentan ni siquiera leernos para ver si nos acusan con más tino.

Llevar el cartel de “escritor provinciano” no es algo que le mortifica. ¿Cierto? ¿Por qué?

Tal como se están moviendo las cosas en el mundo de la literatura cubana, parece que “escritores provincianos” somos muchos, pues, salvo Leonardo Padura y algún que otro caso, el resto de los actuales escribas del patio parecen ser conocidos en casi ninguna parte, aunque es algo que no me atrevo a afirmar del todo. La literatura cubana de intramuros anda definitivamente por un lado y el mercado anda definitivamente por otro. Es triste. Eso empobrece sobremanera el valor de la literatura, aunque ahora aparezca alguien a decir exactamente todo lo contrario. Hace falta el mercado al escritor. Hace falta… y mucho… y no es ninguna palabra maldita. Si piensas que el cine es solo pornografía y violencia estás perdido. Si piensas que el cine puede ser mucho más que eso, entonces cogiste la seña.

Con el mercado sucede igual. Nosotros, los escritores cubanos de intramuros, estamos a una distancia letal de ese mercado por razones muy largas de explicar y que comienzan con el propio desastre que ha sido nuestro mundillo nacional del libro y su absoluta falta de visión y estrategia internacional.

Creo que en ninguna parte del Tercer Mundo, y a veces pudiera incluirse parte del Primero, se ha hecho tanto por la lectura como en nuestro país. Pero no basta publicar y vender barato (aunque ya no tan barato). Es preciso responder a exigencias mayores, sobre todo ahora, cuando la era digital ha comenzado a ponérsela bien difícil a la venta del libro en formato de papel y a la pasión por la lectura de los grandes escritores.

Creo que, en materia de literatura, desde provincias se pueden hacer muchas cosas buenas, y hasta grandes, aunque como bailarín o cineasta ya no es igual si vives en El Vedado o vives en Niquero. Un escritor como Emerio Medina, residente a tiempo completo en el lugar más anodino de Mayarí ha ganado con todo derecho el Premio Internacional Julio Cortázar, el Premio Casa de las Américas y unos cuantos premios respetables… y no para de escribir y convencer. Se puede vivir en provincias y escribir de manera muy digna. Una cosa es “vivir en provincias” y otra cosa muy diferente es ser “un escritor provinciano”.

La literatura cubana actual: ¿suficientemente, insuficiente o suficiente para seguir apostando por ella?

Alguien, con un sentido del humor muy fino, aseguró una vez: “La literatura cubana ni se rinde…ni se vende”.  Un escritor holguinero nombrado José Luis Serrano acaba de lanzar una diatriba violentísima sobre la pobreza que exhibe la literatura cubana que se escribe dentro de la Isla. Como era de esperarse, una buena parte de los escritores del patio reaccionaron airadamente ante la brutal opinión de Serrano -quizás con un poco de razón o con mucha razón en sus planteamientos-, pero resulta que los autores escriben lo que buenamente pueden. Si alguno de ellos hubiera podido escribir Cien años de soledad o Pedro Páramo o El siglo de las luces, ya lo hubiera hecho desde hace rato.

Pienso que la situación “especial” que ha vivido Cuba durante tantos años ha creado un cisma entre los autores nacionales y el resto de los autores del planeta.  Y el hecho de que varios de nuestros autores visiten el extranjero o degusten libros de última generación, no ha sido suficiente carburante para echar a andar la literatura cubana actual por planos estelares de este universo.

Y en Artemisa, ¿se ha avanzado en el oficio?

Artemisa tiene el privilegio de contar en la dirección del libro con una funcionaria con nombre de mulata famosa, Cecilia Valdés, pero ahí no está el detalle, sino en el hecho de que sea una extraordinaria conocedora del mundo de los libros. Si algún ser humano se nutrió con las mejores obras literarias del ámbito planetario, esa ha sido Cecilia Valdés. 

Para su suerte, la acompañan en la tarea dos mujeres muy comprometidas con el universo de la creación literaria, Berkis Aguilar y Ana Margarita Díaz, filóloga la primera y poetisa la segunda.

Sin embargo, ha sido preciso pelear para que no retroceda lo que ya hemos alcanzado, para que nuestros proyectos literarios no se vayan a bolina por la falta de un presupuesto que sí existe en todas las provincias de este país para el fin de la promoción literaria.  Un ágrafo director provincial de cultura solía decir que “la literatura no da maíz”, es decir, no da dinero, no da lo que tanta gente en Cuba y el mundo entero está buscando… y eso puede ser un golpe terrible para la literatura.

Ni hablar de la pésima instrumentación de la Resolución 35 del Ministerio de Cultura destinada al pago de los derechos de autor a los escritores de nuestros 11 municipios. Una película de horror, que tiene como honorable exclusión al municipio de Bauta y tal vez algún que otro municipio artemiseño.

Pero con estos truenos y este mal tiempo, seguimos apostando por un tiempo más luminoso… Si te rindes, no eres escritor.

Una hija, varios amores, múltiples premios, el reconocimiento social, la fama… ¿Qué otra cosa hace falta para ser feliz, aparte del dinero?

Amo extraordinariamente esas pequeñas cosas de las que hablaba Serrat y ya no sueño ni con un auto lujoso ni con una casa de ocho baños. Son cosas pequeñas, pero asistes a un acto muy grande cuando besas a tu hija, compartes un café mañanero con tu mujer o aprietas la mano de un amigo…Y ya no sueño porque la áspera realidad me haya vencido, sino porque hay cosas que a mi edad no van sirviendo absolutamente para nada.

En cuanto al dinero, bueno…Yo viviría muy bien si obtuviera a cambio un salario que respondiera a la persistencia de mi sacrificio.  A la propaganda de intramuros le encanta poner aquello de “Ser culto para ser libre”, pero siempre se les olvida que Martí también dijo: “Ser próspero para ser libre”.

Disculpe la sinceridad, pero… ¿basta solo escribir para soltar los demonios que se llevan por dentro?

Tengo demonios por dentro, que me brotan casi siempre cuando descubro los absurdos de la sociedad donde vivo y cuando debo sufrir a ciertos personajes que deberían estar sembrando boniatos en lugar de andar metiendo la cuchareta en los confines de la cultura.  Pero me brotan de una manera tan bestial, que acabo lleno de granos por todas partes y sufro unas consecuencias terribles. Por eso prefiero que mis demonios broten de mis páginas en blanco. Son más amorosos, más sinceros y me causan menos estragos en el cuerpo y el alma.

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